¿QUIERES VIVIR MÁS AÑOS SANO? HAZ EJERCICIO FÍSICO
18.06.24
Realizar ejercicio físico es invertir en calidad de vida y dar (buena) vida a los años. Da lo mismo el deporte o la actividad que se practique, lo importante es moverse lo suficiente para mantener la funcionalidad (y juventud) de cuerpo y mente. Cada movimiento cuenta.
Estamos hechos para movernos. En ello nos va la salud, y, en consecuencia, la vida. Todos queremos vivir más y mejor. Cuánto y cómo vivamos depende más de nuestros hábitos que de nuestra genética. Y el ejercicio físico ha demostrado ser una fuente inestimable de longevidad. La OMS lo deja muy claro: “La actividad física tiene importantes beneficios para la salud del corazón, el cuerpo y la mente” y asegura que las personas con un nivel insuficiente de actividad física tienen un riesgo de muerte entre un 20% y un 30% mayor en comparación con las personas que alcanzan un nivel suficiente. Se puede decir que mantener una alta tasa de actividad física y una buena forma física han constituido una necesidad fisiológica que, hasta épocas recientes, garantizaba la supervivencia del individuo y sus genes.
El envejecimiento es un proceso fisiológico influenciable y esta influencia puede ser negativa (acelerándolo) o positiva (retardándolo). Dado que la principal característica del envejecimiento es la progresiva pérdida de funcionalidad y puesto que el envejecimiento y la muerte no están genéticamente programados, es posible retardar o atenuar ese declive funcional, mejorar la salud y el buen estado de forma física y mental.
En primer lugar, evitando conductas de riesgo (tabaco, consumo excesivo de alcohol, demasiada exposición al sol y obesidad) que aceleran la expresión de enfermedades ligadas con la edad. En segundo lugar, adoptando hábitos que provocan cambios positivos a nivel fisiológico como son la práctica habitual de ejercicio y una pauta de alimentación saludable.
El ejercicio físico, practicado de manera regular y en la forma apropiada, es la mejor herramienta hoy disponible para retrasar y prevenir las consecuencias del envejecimiento, así como fomentar la salud y el bienestar de la persona. Cuando se realiza de manera adecuada, los beneficios del ejercicio se producen siempre, independientemente de la edad, estado de salud y condición física de la persona. Estos beneficios se concretan en una reducción del riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, cáncer de colon o mama, así como hipertensión o dislipidemia (exceso de lípidos en sangre). También ayuda a preservar o incrementar la masa muscular (directamente relacionada con una mejora en la calidad de vida a corto y a largo plazo), fortalecer los huesos y las articulaciones haciéndolos más resistentes y controlar el peso, con una mejora de la composición y la imagen corporales. Pero hay más: el ejercicio también aumenta la capacidad de coordinación y respuesta neuromotora (disminuyendo el riesgo y las consecuencias de las caídas), mejora la actividad del sistema inmunitario, reduce los sentimientos de depresión y ansiedad y promueve el bienestar e integración social. ¿Hacen falta más razones para tomarse en serio la práctica de ejercicio?